Hoy mi joyero se encuentra un poco más vacío y llora la partida de una de mis joyas más amadas. Se ha ido al cielo una de mis personas favoritas: mi abuelo. Como las joyas de calidad, no importaba el tiempo que pasara, tenía un brillo especial y su valor no disminuía con el paso de los años. Reunía tantos valores y significaba tantas cosas para mí que no soy capaz de expresarlo en sólo unas palabras.

En el recuerdo me quedarán no sólo momentos sino historias que siempre me acompañarán. Y dentro de todos esos recuerdos por supuesto encuentro a Pino, mi abuela. Ellos protagonizaron un amor de ésos de película.

 

Maarisa-y-abuelo
Compartimos juntos cientos de momentos inolvidables

 

Pienso que mi pasión por la joyería ha estado influenciada por distintos factores y uno de ellos es mi abuela, sin duda, quién inculcó a mi madre a llevar siempre pendientes como ya he contado en alguna ocasión. Dentro de todas las piedras, a mi abuela le encantaba una que no es fácil de encontrar y que hoy en día ni siquiera es muy conocida: la Rosa de Francia. Es una piedra con un color rosado muy femenino que algunos confunden con el cuarzo rosa y que sin embargo no tienen mucho que ver.
Cuando mi madre empezó a trabajar le compró a mi abuela un conjunto de pendientes y anillo que ella se ponía en ocasiones especiales y que casi al final de sus días le entregó de nuevo a mi madre, su única hija.

 

Hace algo más de un mes descubrí una tienda antigua hindú que vende joyas y gemas y cuál fue mi sorpresa que encontré, sin buscarla, Rosa de Francia. No pude resistirme y compré dos piedras que ahora guardo como un tesoro y que espero trabajar dentro de poco, pudiendo crear alguna joya de ésas enigmáticas que tanto le habría gustado a mi abuela y, por qué no, a mi abuelo, a quién le dedico estas líneas a continuación.

 

Pendientes de oro y Rosa de Francia
Pendientes de oro y Rosa de Francia

 

 

“Desde el día en que nacemos

a la muerte caminamos,

no hay cosa que más se olvide

ni que más cerca tengamos”

 

Refranes como éste

recitabas cada día,

poniendo de manifiesto

tu experiencia y sabiduría.

 

Pero no eran ellas solas

las que describen tu personalidad,

si hay que resaltar otras

serían calma y serenidad.

 

Y así de sencillo y sin más

te ganaste a toda la gente,

por eso fuiste un pilar

que todos tenían presente.

 

Ahora me quedarán

las fotos y los recuerdos,

prueba de años felices

que se quedaron grabados muy dentro.

 

Y es que echando la vista atrás

y aunque nos pese tu partida,

sólo puedo dar gracias

por haber tenido tu compañía.

 

Sé que ahora te has reencontrado

con el amor de tu vida

y también sé que estés donde estés

serás  la luz que me guía.

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